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LA CARTUJA DE PORTACELI NO OFICIARÁ MÁS MISAS A LOS FELIGRESES

La comunidad de cartujanos ha decidido poner fin a una tradición de medio siglo que, cada domingo, reunía a los fieles de la comarca Esta Cartuja situada en la Calderona es la única que queda en activo en la Comunitat y la más antigua de España

Vista aérea de la Cartuja de Porta Coeli. / J. V. Gómez
Paredes de piedra con ocho siglos de antigüedad separan el interior de la Cartuja de Porta Coeli del entorno del valle de Lullén, en la sierra Calderona. Hasta el momento, la única conexión de la docena de monjes que la habita con la vida de los pueblos del Camp del Turia eran las misas dominicales, en las que la Cartuja se abría a los feligreses de forma excepcional para oficiar la ceremonia. El pasado 15 de agosto, día de la Asunción, Porta Coeli cerró esta última puerta y volvió a sumergirse en su silencio.

Así lo anunciaba una nota colgada en el vestíbulo de la capilla donde el padre procurador daba misa los días festivos. Cada domingo a la misma hora, las 10.15 horas de la mañana, los cartujos cedían una porción de su intimidad religiosa para dar la bienvenida a los fieles de los pueblos de alrededor, desde Serra hasta Olocau. 

Este servicio ofrecido por la Cartuja, que permitía a la población de la comarca acceder una vez a la semana, se había convertido, con el tiempo, en un acontecimiento religioso excepcional y en la oportunidad de disfrutar de este entorno reservado a los cartujos. Con todo, la liturgia tenía lugar en una capilla fuera de la clausura, sin la participación de la Orden.

«Éramos siempre los mismos, nos conocíamos los unos a los otros y, con el tiempo, habíamos creado un vínculo de comunidad», explica un feligrés que, ya pasando los treinta años de edad, confiesa haber asistido a estas misas dominicales desde su infancia. Cuando habla de comunidad se refiere a la treintena de personas que acudía asiduamente a la capilla cartujana, unidos no solo por la fe, sino por «la sensación de estar compartiendo un lugar histórico en un ambiente íntimo y familiar», continúa el fiel.


Su padre, también natural del municipio de Serra, se suma a la conversación; conoce de cerca la vida cartujana y ha asistido, junto a su mujer, a las misas del monasterio desde que el prior comenzara a oficiarlas medio siglo atrás. Explica que la Orden cartujana volvió a ocupar el lugar en la década de los 40 del siglo pasado. A partir de entonces, este lugar sagrado pasó de nuevo a la clausura, tras haber tenido otras funciones tras la Desamortización de Mendizabal, como hotel, cárcel u hospital.

Con este repentino cierre se abre una brecha en el fuerte vínculo existente entre la gente de Serra y los cartujos. Un vínculo no solo religioso, también económico y social, pues no fueron pocos los vecinos que durante años han estado trabajando en la cartuja en agricultura, bien plantando y recogiendo la fruta, la verdura, flores, o lo que fuera. El vínculo, sin embargo, va más allá. Los habitantes de Serra sienten la Cartuja y los hitos en ella acaecidos como parte de su historia y patrimonio cultural. Allí tradujo Bonifacio Ferrer por primera vez la Biblia al valenciano, cuando la Iglesia prohibía cualquier traducción a una lengua romance. Ahora, con el cese de las misas, pierden por completo el vínculo con la vida de su entorno

Y es que, Porta Coeli reúne lo mejor de la fértil tierra del Valle de Lullén, además de un gran acueducto del siglo XV que lleva el agua hasta una antigua balsa de riego. El edificio que alberga el claustro y las ermitas, está rodeados por un jardín y una extensa zona de huerto donde, ahora, los monjes cultivan sus frutos y entran en contacto con la naturaleza sin salir del recinto.

La fundación de Porta Coeli en 1272 marcó un hito en la vida monástica del antiguo Reino de Valencia, al ser la primera de la Orden Cartujana en tierras valencianas y la tercera en la península. En la actualidad, la Cartuja del valle de Lullén, no es sólo una reliquia arquitectónica, sino la única de la Comunitat que la Orden de los Cartujos mantiene con vida. Es, sin más, un lugar privilegiado de aquellos que uno imagina ya extintos, cosa de otra época. Junto a Porta Coeli, España tan solo alberga dos cartujas más en activo: la Cartuja de Miraflores (Burgos) y Santa María de Montalegre (Barcelona).

Como si fuera un capricho del paisaje, Porta Coeli aparece en medio del Valle de Lullén rodeada de naturaleza. Su interior, sin embargo, es inescrutable para el público. El fin de los cartujos es conseguir la mayor soledad y silencio para cumplir su misión y dedicarse plenamente a la oración contemplativa. Esta es la razón que desde la Cartuja transmiten para justificar el cese de la misa dominical, tras medio siglo de tradición. Desde que fuera declarada Bien de Interés Cultural en 2009, la Cartuja siempre ha mantenido reservado su derecho a restringir las vistas en beneficio de su actividad religiosa, en la cual la soledad de la vida eremítica y el estudio espiritual cumplen un papel esencial.

Una lástima, ahora que la Asociación Cultural Cartuja de Valldecrist, junto al Parque Natural de la Sierra Calderona, quieren señalizar una ruta que une no solo las tres cartujas valencianas, sino que también otros elementos espirituales enclavados dentro del parque (como ermitas, conventos y santuarios) para dotar de un nuevo valor cultural al inmenso patrimonio natural de esta sierra.
Fuente: Itziar Silvestre - Las Provincias

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